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Texto completo del artículo publicado en Diario La Nación, Bs. As., 28 de Febrero de 2007.

Intro -La arquitectura y la reflexión posible a partir de las papeleras

Si entendemos el espacio social  como estructurador del espacio publico (Zygmunt Bauman) y a esa manifestación física podemos entenderla como el campo de la arquitectura y el urbanismo, cabe preguntarse cuál es el rol de la arquitectura y de los arquitectos ante los emergentes de la expresión social más relevantes.

El debate en torno a la cuestión de las papeleras, que hace un tiempo parecía entenderse como un problema de localía (los pobres habitantes de Gualeguaychu) ha cobrado su real dimensión,  como uno de los muchos problemas que enfrentamos colectivamente en torno al uso del territorio, los recursos, las infraestructuras y el paisaje como patrimonio regional ante el innegable condicionante del capital global.

Este texto no pretende aportar una solución proyectual, pero si a partir de esa lógica, la del proyecto, volver a la arquitectura una herramienta de reflexión comprometida, que lejos de volvernos unos superficiales ocultadores de conflictos detrás de operaciones de estética territorial, nos permita ponernos a futuro al frente de estrategias que desde la arquitectura, integren las complejas interrelaciones de ámbitos, como supone un conflicto de esta escala.
El de las papeleras, es uno mas entre los muchos que deberemos afrontar.


1-programas globales / quien toma las decisiones.

Es indudable que la dimensión de algunas operaciones provenientes de las lógicas económicas a escala global, de capitales trasnacionales, excede para su entendimiento y gestión la mirada local, generando por parte de quienes están al frente de las decisiones, la obligación de abrir el zoom de la mirada de modo que las soluciones se reflexionen desde la verdadera escala del conflicto.

Seria valioso entender la dinámica de aquellas operaciones que transforman metrópolis y territorios no como decisiones motorizadas por determinadas administraciones locales sino mas bien como inexorables transformaciones que atadas a la dinámica global del mercado afectan y condicionan políticas territoriales y urbanas locales.

Puerto Madero, la gran transformación urbana que logra como fragmento recentrar Buenos Aires, solo puede ser entendida como operación que la sitúa  como ciudad nodal en el flujo comercial mundial, con la necesaria dotación de servicios y equipamientos de negocios, motorizada por capitales trasnacionales, con similitudes a tantas otras operaciones de reciclaje metropolitano-planetario (Docklands londinenses, Kop van Zuid en Rótterdam, etc, etc.)

Queda para el ámbito local la posibilidad de fijar algunas políticas, de negociar los alcances de la operación, y de darle forma, aunque se vuelve imprescindible siempre contar con los servicios globales de asesorías que viajan por el mundo transmitiendo sus valiosas experiencias all around the world.

En ese mapa mundial, con las nuevas / viejas políticas de división de tareas, cabe a los vastos territorios del sur seguir siendo los proveedores de materia prima, en el estado más natural posible de esos recursos, o con operaciones básicas de elaboración y agregado de valor.

La todavía abundancia de recursos no extraídos, las comparativas ventajas de precios y estructuras legales, la disposición de mano de obra accesible, y la necesidad de progreso, dan el marco ideal de conurbano global, a zonas centrales, colapsadas en sus territorios, con escasos recursos naturales y altísimos costos.

Lo que antes se daba en el marco de una misma ciudad, del otro lado del río, ahora se produce en un mismo planeta, del otro lado del océano.
Nos toca decidir y administrar la posibilidad de que esos desplazamientos se den sobre nuestros territorios: somos la otra costa del rio, y depende de nosotros , de que manera asumimos ese rol de lado productivo de la ciudad global.

Las políticas forestales de bosques de monoespecie implementadas hace años en Uruguay y en buena parte de nuestra mesopotamia, obedecen a ese esquema macro de suministro de insumos a la góndola global, y la instalación de pasteras como eslabón final de la cadena productiva, resulta entonces inexorable y para nada sorpresiva para la administración de nuestros países.

Cabe preguntarse entonces si fue errada la decisión política de asumir ese rol comercial y productivo, o lo que estuvo mal fue el rol local, de toma de decisiones respecto a la manera en que debió darse forma a la fase final del proceso, la que impacta y modifica para siempre el destino del área en cuestión.

2-impacto local  /  el capital global como desestructurador de las localias

Entendida la real dimensión de la operación en términos de requerimiento global, cabe preguntarse por el alcance de las consecuencias que afectaran el ámbito local donde esto se manifieste, con las bonanzas propias del progreso, y los despojos como herencia una vez que el recurso se agote.

Y así, redefinir entonces el marco que regule la operación: cuál es aquí la localia, cual el marco legal a respetar, a quien pertenece el recurso que afecta la operación, y que economía se vera afectada?

El desarrollo de los acontecimientos va dando respuestas a estos planteos, respuestas que inexorablemente están en línea con la dimensión mencionada, pero que sorprendentemente (o no tanto) están en el extremo opuesto a como se han ido tomando las decisiones que generaron el conflicto.

La instalación de las pasteras fue negociada desde ambas márgenes, en forma separada, con intereses contrapuestos, y desde oficinas y normativas que entendieron la localia a afectar en la escala y la lógica de las ciudades, y en el mejor de los casos, de las provincias involucradas.

La realidad indica, a partir de los datos que viene generando el conflicto, que la localia en cuestión es de orden regional, que los protocolos a respetar, así como los recursos en juego también se miden como capital colectivo mas allá de los limites, y que la economía, en ambas márgenes del rió, ha sufrido consecuencias.

Una primer respuesta a la mundialización ha sido la generación de bloques regionales, una manera de ampliar las áreas de entendimiento colectivo ante las reglas únicas del mercado, muy por sobre las particularidades de cada ciudad, de cada país.

No haber entendido desde un principio, que la localía que aquí se pone en juego es la de la región, la de la cuenca del Uruguay, en el marco MERCOSUR, y no en el dilema Gualeguaychu-Fray Bentos, o Argentina-Uruguay, es no haber estado a la altura del conflicto desde su origen, no haber comprendido que en el terreno global del mercado, los limites mutaron, y la soberanía y la autonomía, para enaltecerla, deberá ser redefinida.

Tal vez esta nueva lectura permita entender a las cuencas no ya como limites que separan, como aguas receptoras del desecho producido en ambas márgenes, sino como ejes simbólicos, como recurso colectivo desde donde pararse, en el centro de un ámbito común, a pensar soluciones simétricas a ambos bordes.
 
 
 

Puente fluvial / cruce de ríos en Alemania.

 
 
 

3-la gestión del bien común / el río: limite o eje?

En el hipotético caso de que Botnia hubiera emplazado sus instalaciones en el mediterráneo departamento de Durazno, la soberana decisión de Uruguay no estaría en cuestión, por lo menos para quienes vivimos de este lado del río; pero nadie podrá cuestionar que en su actual situación, el impacto sobre el ámbito frontera común a ambos países, vuelve inobjetables los cuestionamientos en todas sus expresiones.

Volvamos a utilizar el conflicto como oportunidad para reflexionar otras situaciones;
Si Puerto Madero nos sirve como referencia de operación global, el Riachuelo y su condición, bien puede servir como ejemplo de ámbito colectivo irresuelto debido a la mala gestión del bien común, en su entendimiento desde cada una de las márgenes.

Históricamente entendido como limite y separación, pensado desde cada uno de los municipios que lo bordean, el sistema del Riachuelo se ha ido conformando por parcialidades inconexas y contrapuestas, y la que podría ser la pieza estructuradora como nuevo eje del Área Metropolitana, permanece sin un proyecto integral, y en su desmanejo, se ha vuelto un símbolo frustrante de nuestra incapacidad colectiva de resolver problemas, un tabú como desafío político, y el máximo icono de la contaminación.

En el origen de las ciudades, los ríos sirvieron para establecer condiciones diferenciales a ambas márgenes, como líneas divisorias, instalándose de un lado la ciudad limpia y consumidora (de cultura, de vivienda, de mercancías, de espacios simbólicos) y del otro, la ciudad sucia y productora (talleres, fabricas, infraestructura de transporte y carga, arrabales portuarios...)
Esta noción del río como limite, incluso como recipiente de los desechos de la propia producción de “esas dos ciudades”, hace tiempo que dejo de ser tal, sobre todo en las culturas que, por evolución y por carencia de recursos, han reconsiderado el valor de la urbanidad de sus asentamientos a partir de un curso de agua.

Así como creemos que el Ente Riachuelo Matanza, o en su defecto el Estado Nacional, debe administrar y decidir las políticas de la cuenca como fragmento urbano reconocible, ámbito común y eje integrador por sobre los intereses particulares de cada uno de los municipios o estados a ambos márgenes, lo mismo creemos respecto a los destinos de los bordes de cualquier otra cuenca.

Y en cada caso en particular, establecer cuales son los programas prescindibles o relocalizables, y cuales aquellos que son necesarios y solo tienen sentido en el lugar, para integrarlos de manera creativa en esa noción de nueva naturaleza, de paisaje cultural en que han devenido infraestructuras y equipamientos indispensables para el desarrollo y el bienestar colectivo.
 
 
 

Parque del agua / proyecto de infraestructura como parque público, Riachuelo.
Taller de proyecto 1, 2005, Universidad de Palermo. Soledad Volpe, Socorro Sánchez Janeiro.


 
 
 

4-proyectar el conflicto / paisajes infraestructurales

¿Deben este tipo de infraestructuras calzarse sobre la lógica del río?

Retomando la reflexión central,  puede que la  pregunta parezca tardía, pero ante la posibilidad de que Ence duplique el conflicto, se vuelve central.

Cerca de 50000m2 de superficie a modificar, decenas de metros de altura en piezas de ingeniería como nuevos elementos de paisaje.
 
 
 
 
 
 

Hasta aquí nada nuevo, ya que estos datos, que coinciden como indicadores con los de la planta pastera, son del Puente Internacional, orgullosamente integrado desde hace años al paisaje común del litoral.

Lo que sí se vuelve decisorio aquí mas allá del impacto visual es el grado de contaminación que modifica para siempre el ámbito y los recursos del lugar.
Cuesta creer, mas allá de cualquier informe, que la planta no degrade considerablemente el hábitat actual.

Es natural entonces volverse así uno mas de los vecinos de Gualeguaychu, que en su reclamo por escrito al presidente, condicionan cualquier negociación a que la pastera Orión, de Botnia, se desplace a cualquier lugar que la soberanía uruguaya decida, siempre y cuando no afecte capitales e intereses colectivos.

Tal vez el costo de semejante operación, que pudo ser menor de frenarse las obras a tiempo, lo deba pagar la inversión global responsable, atendiendo a que modo afecta esto la rentabilidad proyectada.

Mirando las obras hechas, parece imposible, mirando una planilla de costos beneficios, será una cuestión de ajuste como en cualquier otro negocio...
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Greenpeace, desde sus oficinas de Uruguay y Argentina conjuntamente, parecen centrar sus recaudos no en el traslado, sino en la utilización excluyente de técnicas que prescindan del cloro en el proceso (TFC).

Y así, cada perspectiva centra su lógica desde algunos de los numerosos intereses involucrados, esos que debieron considerarse antes de poner un ladrillo en el sitio;

La llegada a buen puerto de este conflicto no depende de la arquitectura, y menos en una instancia como esta; tanto en el inicio, como ahora, son decisiones políticas las que pueden encontrar un punto de acuerdo, que alinie en forma equilibrada los numerosos intereses involucrados.

Pero  la realidad, es que no dentro de mucho, todos habremos quitado la vista del sitio detrás de alguna otra de estas cuestiones, que serán escritas y debatidas en hojas de papel de producción Botnia, y solo quedaran allí, una vez mas, los locales junto a su nuevo paisaje global.

¿De que sirve proyectar entonces un conflicto ya instalado?

Ante las imágenes que durante estos meses los medios generaron en torno al tema de las papeleras, de efectivos del ejercito uruguayo rodeando el predio de Botnia,
de hipótesis de atentados, de biombos vegetales ocultando lo inocultable (nuestra falta colectivo de criterio), nos pareció, no como solución sino como reflexión para el futuro, producir una imagen conceptual de lo que debió ser, como abordaje del tema desde el proyecto de arquitectura.

Si la opción no es otra que instalar las pasteras sobre el río, lejos de separar, esos nuevos paisajes infraestructurales debieran haber sido piezas de unión, equipamientos comunes, piezas que cuando el recurso se agote sean soportes útiles y no ruinas.

Puentes que conecten, infraestructuras simbólicas que lejos de huir del progreso, lo expongan como un patrimonio colectivo, como un ejemplo posible, como el capital de una cultura que expresa creativa y concientemente un carácter que desde lo local, se vuelve global.
 
 
 


 
 
 

© AFRa / Enero 2007

Saturnino Armendares + Pablo Ferreiro + Joaquin Leunda

Equipo de proyecto AFRa:
Pablo Ferreiro/ Guillermo Martinez Bo, Joaquin Trillo (Buenos Aires) Serrana Robledo (Montevideo)

 
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